María Abril Fígares

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Aroma a Héroe

Primera Parte (de dos partes)
Diálogo con Sri Ram
diciembre 01, 2021

Esta reflexión es la fragancia que hemos destilado de nuestras andaduras sintiendo el soplo de aliento vital que el sabio Sri Ram nos invita a recorrer como camino hacia la verdad. “El sendero de acción de cada individuo está dado por su propio Karma, así como en los embrollos de ese complicado nudo en el que su mentalidad se retuerce. Tiene que desatarse ese nudo por medio de amor y de conocimientos verdaderos y hacerse un camino en el mundo exterior simultáneamente·, por medio de fuerza de voluntad y decisión"1

Nos adentrarnos en nuestros corazones para investigar un sentimiento en profundidad, la soledad. Mediante el escrutinio de su modo su existir intentamos desencantar este hechizo que nos encoje por dentro. Posteriormente, mostramos que éste solo se puede desvanecer tras comprender por un lado, porqué los sentimientos en general nos acompañan en la vida y cómo debemos reaccionar ante ellos. Y por otro, entendiendo la envergadura de nuestras experiencias aprendidas y valorando que sean acompañadas por un adecuado desarrollo en el ámbito del arte, en sentido amplio, para que de forma guiada podamos obtener una sensibilidad mucho más intuitiva de la Realidad. En este escenario se trasforma el sentimiento de la soledad de la superficie de nuestro Ego tornándose, como vamos a mostrar, en uno de los dos sentimientos esenciales de nuestra alma. Finalmente, desde ellos, en esta indagación, se abre una puerta interior y sagrada donde los vientos heroicos nos indican el rumbo completo en sí mismo hacia una genuina existencia en este mundo. 

Clasificamos la soledad como un tipo de tristeza donde algunas personas pretenden paliarla con ayuda externa y otros tantos, la aguantan en silencio, aunque todos nosotros en alguna medida la sufrimos. Ciertamente existen ocasiones que al sentir realmente soledad nos rendimos ante ella por el puro sentir su presencia en nuestro cuerpo y dejamos que nos inunde amargamente el alma. Los que tienen más coraje intentan, a pesar de ello, que no sean momentos muy duraderos. Y hay otros, los más aventureros, que cuando ésta aparece incluso con esa misma intensidad, se sienten más lúcidos y con la valentía suficiente como para indagar el proceso interno de su existir en esencia con el propósito de desatar ese enredo que les oprime sobremanera. Sumémonos a estos últimos. Sería del siguiente modo:

  • Primero vamos a esa sensación y rastreamos en qué lugar está localizada. Curiosamente en nuestra experiencia desde el interior del cuerpo se puede percibir en tres sitios distintos: en el centro cabeza, en el centro garganta y en el centro corazón2. Aparece como una especie de maraña oscurecida con cierta densidad en los lugares citados. 
  • En segundo lugar, vemos con que pensamiento lo estamos conectado para sentirlo. Solemos hacerlo con un mismo conjunto de pensamientos, pero es uno de ellos el que claramente arrastra a esa sensación irremediablemente y nos la impone delante de nuestra conciencia.
  • En tercer lugar, uno puede desconectar ese pensamiento. 
  • En cuarto lugar, si observamos esa sensación física que afirmamos que es una gran soledad, pronto nos damos cuenta que sin ese pensamiento, si lo desligamos, tal sensación generada no se puede garantizar que sea algo desagradable en sí misma y por consiguiente, que tengamos que sentir ese dolor. 

Aquí curiosamente aparece un claro hallazgo. Es el propio pensamiento el que marca la calidad de pena, de soledad, a una sensación. Y de ese modo, es como cobra realidad para nuestra percepción. 

  • En quinto lugar, al percatarnos de tal descubrimiento, esa sensación en unos instantes suele diluirse. Ahora bien, no es un desaparecer instantáneo, sino que más bien aun permanece brevemente. Esto nos lleva pensar que o bien las sensaciones podrían tener algo de memoria o bien se resisten a desaparecer, porque es su único modo de existir. Nos inclinamos por ambas opciones. La sensación en su afán de persistir adquiere en su evolución cierta habilidad de memoria, pero tan leve como una huella a la orilla del mar. De lo cual constatamos por un lado, que nuestra parte emocional sensitiva tiene vida propia, cierta independencia de lo mental. Pero por otro lado y a un tiempo, está interconectada con la mente, en la medida que es el pensamiento el que le ofrece una mayor continuidad. La sensación necesita engancharse a un nuevo pensamiento para volver a sentirse viva. Y los pensamientos de soledad a su vez, también con esa misma naturaleza de vida propia y relacionada, seducen a las sensaciones para erigirse vivos de nuevo clamando nuestra atención una y otra vez en forma de corrientes de ideas relativamente continuas.
  • En sexto y último lugar, podemos preguntamos si necesitamos atender a las demandas de esa sensación de soledad que viene a nosotros repetidamente. En principio, indirectamente ya lo hemos contestado, pensamos que no. Es esa forma de pensamiento-sensación la que necesita nuestra atención para vivir y no a la inversa. Nuestra mente aquí inventa diálogos internos en forma de injusticias causadas hacia nuestro ego personal, que se siente herido y ultrajado por variados motivos, que a su vez nosotros mismos hemos ido confabulando y fabricando, como un agujereado tejido amorfo. Hay un pensamiento que se erige sobre los demás y corre a raptar a la sensación que va a mostrar ese fatal y falso dolor que nos recubre completamente. 

Entendemos que entrar en ese círculo vicioso de incertidumbres, justificaciones egoístas o falsos consuelos es totalmente prescindible. Sri Ram en esta línea lo muestra, entre otras consideraciones, por un lado, explicando que la repetición, tanto de pensamientos como su unión a sensaciones, es solo una expresión mecánica, pura inercia de la naturaleza material. Y por otro lado, que la mente nos turbia si dejamos que rememore trayendo al presente aquellas vibraciones que nos estimulan en forma de dolor. Por ello, también indica evitar esas elucubraciones para disminuir poco a poco su innecesario efecto3

 MAF

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[1] Sri Ram “El interés Humano”, Teosófica, Rosario, 1424. Para citar pondremos el título y la página. El interés humano, 101.

[2] Quizás otras personas pueden localizar la sensación de soledad en otros puntos de su cuerpo, pero nosotros hasta el momento no lo podemos afirmar sin haberlo experimentado.

[3] El interés humano 33. 




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