Afloran en mi rostro lágrimas, ¡Saliendo de su maldita prisión! Rescatadas por el fino hilo, que presta mi alma tensó. Divina luz que nos arropas, Dios que nos regalas, rumbo de travesía hallada, acompañada, querida, y ensalzada; con intensos brillos de amistad, afines a las noches más estrelladas. Gotas celestes nadan, esencialmente unidas, al sentirse disueltas, en el mar que las inspira. MAF |
